sábado, 15 de noviembre de 2008

Tempestad


Anoche un estallido de trueno
suscitó una tormenta eléctrica.
Yo sobresaltada,
le temía al cielo.
Temía que quizás el cielo se derrumbase
y haga esta tierra pedazos.
Vos a mi lado me abrazaste,
me susurraste al oído
que no tenga miedo,
que nada de ello iba a pasar,
si yo estaba con vos.
Tus palabras me invitaron al sueño,
a fantasear.
Todos mis miedos volaron hacia otra dimensión.

El día amaneció gris y te lo advertí,
me besaste la boca como el rocío cae al suelo.
Apenas sentí tus labios mojar los míos.
Algo precipitada, promulgué palabras de adiós.
Te fuiste con la mañana
cuando un cielo un poco gris y un poco negro,
me contaron la desventura.
Las nubes estaban a punto de colapsar,
a punto de estallar.
Cerré la puerta y perpleja volví a la cama,
Comenzó a llover mi corazón,
no estabas para cuidarme,
no viste llover mi alma,
siquiera te agobiaste
de la humedad que avecinó ante tu próxima ida.
Y ahora estoy empapada,
montada a la furia que desató tu ausencia.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Placer de Muerte


Su instantánea muerte es el placer recorrer mi cuerpo.
El abuso preciso de una impecable necesidad feroz.
No emana aire que no desee ser, lo que debido y cauteloso respiras.
Casi imperceptible se detiene sobre mi pecho, y siente la voluptuosidad
ante un abrupto movimiento. Sus latidos resuenan sin cesar.
Mi piel empapada en sudor consume su propio ardor.
No existe tal sensación, se deleita por insistencia.
Ella mira, sin saber que mira. Me ve, sin hacerlo realmente.
Con un sólo suspiro exhalo aquel inerte dolor, provocado por su mediocre existencia.
Ya no dejo que me asfixie.Ya siquiera me entumece su olor.
Lo ahogo en el intenso jugo efervescente que segrega mi depravada boca
al poseer tus labios, tu cuerpo, tu inmensidad.
Ante milésimos intentos agobiantes, logro olvidar las convulsiones
de mi memoria asmática. Finalmente, desaparece entera y extrañamente.

Por Sarah Kane














Quiero dormir a tu lado y hacerte las compras y cargarte las bolsas y decirte cuánto me gusta estar contigo pero me siguen obligando a hacer estupideces (...)Y quiero jugar a las escondidas y regalarte mi ropa y decirte cuánto me gustan tus zapatos y sentarme en el borde de la bañera mientras te bañas y hacerte masajes en el cuello y darte besos en los pies y llevarte de la mano e irme contigo a cenar y que no me importe que comas de mi plato y encontrarme contigo en el Rudy's y hablar del día y escribir tus cartas y llevar tus cajas y reírme de tus paranoias y regalarte discos que nunca escucharás y ver películas buenísimas y ver películas malas y quejarme del programa de radio y hacerte fotos mientras duermes y levantarme para prepararte café con tostadas y pancitos y salir contigo a tomar un café al Florent en medio de la noche y dejar que me robes los cigarrillos y que nunca tengas fuego y contarte lo que vi en la tele la otra noche y acompañarte al oculista y no reírme de tus chistes y desearte por la mañana pero dejarte dormir un poco más y mientras darte besos en la espalda y acariciar tu piel y decirte cuánto me gusta tu pelo, tus ojos, tus labios, tu cuello, tu pecho, tu culo y sentarme a fumar en la escalera hasta que vuelva tu vecina y sentarme a fumar en la escalera hasta que vuelvas y preocuparme cuando te atrasas y asombrarme cuando te adelantas y regalarte girasoles e ir a tu fiesta y bailar hasta quedar negro y estar triste cuando me equivoque y feliz cuando me perdones y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y sentir tu voz en mis oídos y sentir tu piel contra mi piel y tener mucho miedo cuando te enojes y se te ponga un ojo negro y otro azul y tu pelo hacia la izquierda y una cara de oriental y decirte estás preciosa y abrazarte cuando estés ansiosa y abrazarte más cuando sufras y desearte sólo con olerte y abusarme al tocarte y gemir cuando esté a tu lado y gemir cuando no esté a tu lado y babear sobre tu pecho y envolverte toda la noche y sentir frío cuando me quites la manta y sentir calor cuando no lo hagas y derretirme cuando sonrías y desintegrarme cuando rías y no entender y preguntarte por qué crees que te estoy rechazando cuando no te estoy rechazando y preguntarme cómo puedes pensar que yo sería capaz de rechazarte a tí y preguntarme quién eres, pero aceptarte igual y contarte acerca del ángel del niño del bosque encantado que voló sobre el océano porque te amaba y escribirte poemas y preguntarme por qué no me crees y tener un sentimiento tan profundo que no encuentra palabras y querer comprarte un gatito y sentir celos de él cuando reciba más atención que yo y retenerte en la cama cuando te tengas que ir y llorar como un bebé cuando finalmente te vayas y vaciar los ceniceros y comprarte regalos que no quieras y llevármelos otra vez y pedirte que te cases conmigo y que me digas que no otra vez, pero siempre fue en serio desde la primera vez y deambular por toda la ciudad pensando que sin tí está vacía y querer todo lo que quieres y pensar que me estoy perdiendo a mí mismo y saber que contigo estoy a salvo y contarte de mí mismo lo peor e intentar darte lo mejor porque lo mereces y contestar tus preguntas cuando prefiera no hacerlo y decirte la verdad cuando en realidad no quiera e intentar ser honesto porque sé que lo prefieres y pensar que todo se acabó pero aferrarme allí durante diez minutos más hasta que me eches de tu vida y te olvides de quién soy e intentar acercarme a tí porque es hermoso aprender a conocerte y el esfuerzo vale la pena y hablarte mal en alemán y peor en hebreo y hacer el amor contigo a las tres de la madrugada y de alguna manera comunicarte ese amor abrumador, arrasador, incondicional, omnipresente y sempiterno que enriquece el corazón y libera la mente, ese amor eterno y presente que siento por tí.