domingo, 26 de julio de 2009



















Aquellos días parecían interminables, mis lágrimas inagotables. Una fiel angustia se había apoderado de mi silencio. Todo estaba perdido, por un amor extraviado. Un amor incondicional se había derramado delante de mis ojos abismados. Contemplé su enojo furtivo y con esa brisa me ahogué. Si lo volqué fue porque tropecé con él y su porvenir; si lo recordé fue por que te necesité.
Di una vuelta y me perdí, bajé a la noche haciendo piruetas con la madrugada y me encontré completamente sola. Fuimos yo y la eternidad, mi poema de amor sin tu amor.
Tus brazos golpearon el suelo inasible, mi perdón se asomó con el miedo, el sol involucrado en la espera de su mañana.
No pude ver más allá, todo se deslizó como la mañana de aquel mes. Vos y el amor petrificado me hicieron dar cuenta de mi abanico encerrado. Me fui con el arrepentimiento y te arranqué la confianza. No me perdoné, esperé que aquel tiempo lo haga, pero me equivoqué. Suspiré larga y estrecha más de una vez. Ahora estoy perdida ante mis pies.

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