viernes, 23 de octubre de 2009

La resistencia del hombre


El hombre acontece un dilema; no sabe si oír a la cabeza o al cuerpo. Ante tal situación, elige cortarse las orejas rápidamente para evadir el problema.
Un silencio rotundo recorre su cuerpo, el vacío lo atormenta. Contiene su euforia con gran esfuerzo, pero la soledad que lo acompaña rompe un llanto. Como no lo soporta, decide sacarse también los ojos. De esa manera, sostiene todo su dolor en la garganta. Lleva un atormentado nudo dentro de ella. No tiene donde ir, tampoco sabe que hacer. Pero, en vez de estallar y gritar para terminar con tal euforia, cose bruscamente su boca.
Ante la putrefacción de los sentidos, su cabeza se pregunta ¿Quién va a querer estar así con el? Tras el intento de responder, da cuenta que sólo una pregunta sobrelleva como respuesta ¿Quiere este hombre estar consigo mismo?
Las emociones convergen de su mente, le cuelgan de sus orificios nasales. No se aguanta. Su mente efervescente le pide a su mano fatigada que tome un arma y le dispare. Esta obedece sin cuestionarla. La mente delirante se desliza por el cuerpo del hombrecito y finalmente, fluye por el cuerpo sin el impedimento de su cabeza.
Tras danzar un buen rato sin razón alguna, y gozar de ello; el cuerpo decide huir y dejar su cabeza afuera.

jueves, 8 de octubre de 2009

Mi propia creación


Todos creemos, queremos saber lo que hacemos y por qué.
El deber nos conduce por un camino, pero el amor hacia otro muy distinto.
El tiempo pasa y nosotros lo vemos como pasa, sin pasar con el. Todos corren al tiempo. Yo sólo quiero alcanzarlo y frenarlo aunque sea un momento.
Hubo un tiempo, en el que aquel tiempo y yo, fuimos amigos. El me demostró su sabiduría acerca del transcurrir de la vida. Parecía que no le quedaba mucho por saber ni nada por aprender. Aceptó las perdidas, el dolor y su porvenir. Yo todavía no. No quiero elegir sin saber qué estoy eligiendo No quiero saber para luego callar y otorgar. No quiero despertar la mañana de otro día.
Quisiera que aquel tiempo me de libertad para equivocarme cuantas veces me haga falta, que no sea tan ansioso, ni tan pretensioso. Que me deje ser como soy y me quiera como tal.
Quiero correr con el, pero también caminar, saltar, jugar, tropezar y abrazar.
Abrazarnos por la infinitud de nuestro amor.
Sentir la inmensidad converger los cuerpos.
Patear un carro lleno de mierda cuando sienta la necesidad y luego sentir esa liberación.
Que mis lágrimas desciendan en un río con todas las demás y construyan con sus curvas vivenciadas un puente. Que cruzarlo sea el único camino y cuando lleguemos al otro lado, nademos en un mar de risas heladas, congeladas por el mismísimo tiempo que nos regala, luego de someternos a una temible y persistente lucha, la felicidad eterna.