miércoles, 17 de noviembre de 2010

La vida está en otra parte

Me hablaste en otra boca.
Me miraste en otros ojos.
Te acercaste indiferente pero sabiéndolo todo.
Fue algo extraterrenal, supranatural, monumental.
Me dejaste pensando en el mundo del hombre.
Ahora sólo el mundo es como te veo,
sólo tu rostro empedernido contornea mis límites.
No hay fragmentos, no hay terreno que soporte tanta extrañeza.
La memoria tiene vergüenza de aparecer sin que la llamen.
El recuerdo físico se apodera de mi conciencia.
Podes verme sin ser vos el que me mira.
Los niveles se articulan, sabrosos me desbordan.
Posé los ojos sobre la ignorancia, 
me devoró por dentro hacia fuera.
Resbalé con el brillo de su reflejo
 y así conocí a aquella luna que nos contemplaba, 
en la sombra eterna, en plena noche.
Toco tu rostro con mi piel,  palpo un niño dormido, apestado, condominio.
Relación carnal, se que me miras, me tocas y no estás.
No está tu sentimiento, no está tu intensión, no está tu necesidad impecable redoblándose, retorciéndose por no tenerme, por no poseerme y en cambio se retuerce por pertenecer, pertenecer a una sociedad perteneciente.
¿Adonde te fuiste niño encantado? 
Vuelve con el hambre y la pobreza en el cuerpo, en la mirada. No tengas miedo.
Elegante me haces la cama en la pubertad, conozco lo que fue en aquella época la hipocresía.
Ordenamos el griterío, aullido del celo en el vientre, en el codo, en la cola siniestra.
Suponemos el silbido arrepentido del alma, como una alegoría suplicante. 
Defenderme.


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