martes, 21 de diciembre de 2010

Despertar

Al tiempo le sacudo la cara,
se descompone ante su impune presencia melancólica.
El recuerdo desvanece tristemente.
No deja más que una brizna
de memoria olvidada en sueños,
de sensaciones encantadoras.
Cuando despierto me gusta reír sin parar,
de lo contrario me pongo a gritar y patalear.
Si mi cabeza comienza a pensar,
mi cuerpo corre largas horas
para desligarse del ensimismamiento.
Se niega a buscar respuestas sin razón.
La sangre que fluye,
prefiere delirar en compasión,
seguir cualquier otra intuición.

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