jueves, 9 de abril de 2015

Jugando con mi mente o despertando de un sueño imaginario.




Nubes que se estrellan, se rozan entre ellas y se convierten 
en pequeñas estrellas que revolotean por el cielo. 
Me llueven las ganas de día, de noche. 
Se alimentan de ésta imaginación insaciable.
 No para de llover en todo mi mundo. Nunca para. 
Siento que su polvo refleja mi estado de animo,
 como si mi espíritu se comunicara de alguna manera especial con las nubes
 y les disparara docenas de estrellas para luego jugar y jugar; 
y así declararse definitivamente perdido en el espacio. 
También creo que está en mi naturaleza. 
Tengo una premonición. 
Una imagen intensa, inolvidable.
De esas que se guardan para toda la vida 
y nadie te las puede quitar.
Cuando estoy sola siento que hacen temblar la tierra entera;
pero cuando alguien se acerca y me muestra que son sólo luces navideñas; y que lo único que hacen es prender y apagar, una y otra vez. Ya no hay manera alguna, de que pueda seguir creyendo que son millones de estrellas desfilando para mi en el cielo.